Mil rechazos al ajuste de los estudios medievales en el Conicet

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El 28 de febrero, una nota publicada en Página 12 por Carlos Astarita, investigador del Conicet y profesor universitario, daba cuenta del recorte que se propone llevar adelante el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, en el área de estudios históricos medievales. En dicha nota el académico procuraba responder a una entrevista brindada por el titular de la cartera a la revista Noticias donde expresaba un total menosprecio y abandono de las llamadas ciencias “blandas” en un supuesto favor hacia las ciencias “duras”.

Las reacciones de los investigadores que desarrollan su tarea en el campo de las Ciencias Sociales y Humanas no tardaron en llegar. Por añadidura, el prestigio de los académicos afectados por el nuevo gobierno, logró generar una ola de adhesiones por parte de grandes Universidades de todo el globo a la cual El Mapa Político tuvo acceso y adjunta en esta nota.

Cabe recordar que el debate ciencias duras versus ciencias blandas no es en absoluto novedoso y ni siquiera pertenece a este propio siglo. Por eso sorprende la recurrente intención del ministro de desempolvar una antinomia que, para la mayoría de científicos y grandes pensadores, se encuentra perimida hace largo tiempo. El estudio tanto de una como la otra es igual de importante para una interpretación completa de la realidad y absolutamente todos los países hoy desarrollados, Alemania, Estados Unidos, Japón, Suecia y un largo etcétera, procuran volcar fondos públicos al incentivo de sendas ramas por considerarlas estratégicas.

En conclusión, el nulo sustento conceptual de los dichos del funcionario desnuda sus escondidas intenciones: justificar la reorientación del sistema científico argentino hacia las necesidades del mercado. Lo cierto es que el brutal ajuste del gobierno de Cambiemos afecta a ambas casi por igual y la estrategia de enfrentarlas mediáticamente sólo las une en la lucha contra su vaciamiento, contra la humillación pública a la cual este gobierno quiere llevarlas, en términos materiales y, también, en términos morales. Ñoquis, vagos, inútiles o el Conicet como una agencia de empleos, son las consignas que los “trolls” macristas reproducen cotidianamente para deslegitimar el reclamo de quienes deciden llevar adelante una vida ligada al pensamiento crítico y la investigación.

No es posible concebir un sistema republicano donde el derecho a huelga de los docentes, consagrado por la Constitución Nacional, no sea respetado. No es posible entender el derecho si se accionan juicios políticos contra los magistrados cuyos fallos no les agradan. Quizá Barañao esto no lo entienda porque, precisamente, el republicanismo y el derecho, nacieron en la Edad Media.

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